Rubén García | A Coruña Era la fiesta del teatro gallego, el día de reivindicarse, de reclamar una mayor colaboración por parte de las administraciones -como el pago de las ayudas de la Axencia Galega das Industrias Culturais (AGADIC)-, de recordar a figuras imborrables como Ana Kiro y era el día de Un Cranio Furado, de Producións Teatráis Excéntricas, que se llevó cinco de las estatuillas en forma de jarra de los premios María Casares, entre ellos, mejor espectáculo y mejor actor protagonista con Evaristo Calvo. Pese a sus siete candidaturas, Memoria de Helena e María y As actas escuras se fueron ayer del Rosalía de Castro con las manos vacías.
La decimoquinta edición de los premios organizados por la Asociación de Actores e Actrices de Galicia (AAAG) empezó en la calle. Antes de copar todo el protagonismo el escenario, un grupo de artistas que logró convertir las inmediaciones del teatro coruñés en un gran circo. Tantos asistentes y tanta expectación fuera provocó que el espectáculo arrancase con media hora de retraso. Por premios, Un Cranio Furado fue la gran vencedora de la noche, con cinco galardones, por delante de Life is a Paripé y Trogloditas, ambas con dos. Sin embargo, una de las grandes sorpresas fue Super8 y Marta Pazos, premiada por el jurado a la mejor dirección.
Gonçalo Guerreiro, en papel de domador, y Pedro Brandariz, una criatura bautizada como Casimorro fueron los encargados de dirigir la velada y de dar la bienvenida al presidente de la asociación de actores, Antonio Durán Morris. Fue una gala reivindicativa y el propio Morris aprovechó la ocasión para recordar al público -entre los que se encontraban el delegado del Gobierno en Galicia, Antón Louro; el conselleiro de Cultura, Roberto Varela; y el alcalde de A Coruña, Javier Losada- que las administraciones deben apoyar más al teatro porque es una "pieza fundamental" de la historia de Galicia.
No se olvidó Morris del "peligro" que supone rebajar las subvenciones, lanzó chinitas contra la Cidade da Cultura y advirtió de que la política cultural no puede ampararse en la "crisis" y los "ajustes económicos" que afectan al sector.
Trogloditas, de la compañía Tanxarina, se llevó los primeros reconocimientos; dos candidaturas y dos premios: mejor maquillaje y mejor vestuario; mientras que el jurado apostó por Suso Díaz por su trabajo de iluminación en O incerto señor don Hamlet, príncipe de Dinamarca. Los María Casares tuvieron en la música, la comedia y las acrobacias sus principales protagonistas entre premio y premio. Pero el gran homenaje por su música fue para José Luis Prieto y Carlos Mosquera Mos, por Life is a Paripé, una obra que repitió de la mano de Iolanda Muiños como mejor actriz protagonista.
Fue un punto de inflexión, porque a partir de ese momento Un Cranio Furado no paró de sonar desde el escenario del Rosalía de Castro. Cinco premios, con dos de los llamados importantes: adaptación-producción, escenografía, actor secundario, actor protagonista y mejor espectáculo. El resto de jarras de la XV edición de los María Casares se las repartieron entre otras tres piezas teatrales: Rubén Ruibal, por Limpeza de Sangue, se llevó el premio al mejor texto original; Marta Ríos, por Volpone, actriz secundaria; y Marta Pazos, por Super8, a la mejor dirección -era la única mujer entre los finalistas a esta categoría-.
Tampoco faltaron más alusiones a la situación actual del teatro, a la necesidad de apoyarlo en estos tiempos de crisis y de apostar por el gallego. Avelino González, que subió para recoger el galardón a mejor adaptación-traducción por Un Cranio Furado, se recordó de Irlanda y llenó el premio de cerveza: "No quiero que me pase como Irlanda, quiero seguir haciendo cosas en mi idioma". Hasta el presidente del Consello da Cultura Galega, Ramón Villares, reclamó "nuevas ideas y propuestas" para combatir la "precariedad laboral". Incluso hubo alusiones contrarias a la guerra en Libia. Sin embargo, el aplauso más grande de la noche fue para el actor, director y autor Xan Cejudo, un premio a toda una vida dedicada al teatro.