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Arte como un juego sensorial

La colección 'Fotogramas Vacíos' muestra figuras que interactúan con el espectador a través de la vista, el oído o el tacto, cobrando forma en el espacio de la galería Monty4
25-02-2013 23:00
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Los creadores de la muestra conjunta 'Fotogramas Vacíos', en la sala Monty4. / la opinión

Los creadores de la muestra conjunta 'Fotogramas Vacíos', en la sala Monty4. / la opinión

La galería Monty4 (Montroig, 4) ofrece hasta el 26 de marzo la exposición Fotogramas Vacíos, una muestra en la que el contenido escapa de su marco, saltando del soporte bidimensional al tridimensional. Invade el espacio de la sala, pero también penetra en los sentidos del espectador, que debe oír, ver, tocar e, incluso, oler las obras de los artistas de esta colección colectiva.

Iria Rodríguez, Juan Morandeira, Laura Piñeira y Rebeca Ponte conforman una amalgama de figuras, coordinada por David Bello y que propone una serie de elementos que cobran nuevas perspectivas y que buscan la interacción constante con el público.

Iria Rodríguez y Juan Morandeira presentan conjuntamente Love Hurts, una iconografía basada en una estética amorosa más pasional y física. Se apoya en varios elementos, como un collage con fotografías de corte erótico y pornográfico o un corazón real suturado en un frasco de formol suturado. Intenta representar un ente abstracto a través del mundo del diseño de Morandeira y la escultura de Rodríguez. "Cuando hacemos algo juntos intervenimos espacios, combinamos ambas ideas", sugiere la creadora.

Cartografías de aquellos mares es la obra de Laura Piñeiro, una instalación que cuenta con dos piezas: unas cartas unidas entre ellas a una patela y un alfiletero gigante con unos 3.000 alfileres en él. La primera se trata de la obra más personal de la artista. "Las cartas son de mis antepasados", describe Piñeiro, que cosiendo por encima de los grafismos une toda la caligrafía. Piñeiro siente como, de esta forma, pasa por "los mismos espacios que ellos han pasado antes". Establece así una metáfora de la construcción de las redes de la memoria.

Esta instalación enlaza con la personalización de los objetos propuesta por Rebeca Ponte y sus dos cajas, acompañadas por un audio que reproduce coplas cantadas por una anciana. Los contenedores deben ser abierto por el usuario para extraer las imágenes.

"Es un homenaje a los abuelos, con fotografías de objetos que cuentan algo al personalizarlos", explica Ponte. Se trata de una experiencia multisensorial, ya que las cajas hacen un guiño a los recipientes usados antiguamente para guardar fotos, como latas o cajas de puros.

David Bello cohesiona una exposición en la que descontextualiza objetos "prescindibles, invisibles u olvidados", como colillas, sombras o reflejos.

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