Andrea Barros se inscribió en el concurso autonómico de relato corto de Coca-Cola como diversión y su historia sobre la atípica relación del protagonista con su reflejo la hicieron ganadora del primer premio.
–¿Por qué decidió presentarse al concurso?
–Mi profesora de Lengua y Literatura, Celia Madariaga, me lo propuso y acepté porque me pareció divertido. No descarto participar en más concursos de este tipo, ya que comencé a escribir mis relatos desde los ocho años.
–¿En qué se inspiró para crear la narración?
–Los participantes teníamos que construir una historia a partir de la imagen de un cuadro que representaba a un señor vestido como Charles Chaplin frente a un espejo, en el que aparecía su reflejo, también de espaldas y al lado un libro de aventuras. No suelo pensar mucho las historias, sino que escribo lo primero que me viene a la cabeza, por lo que en este sentido, el sistema del concurso me benefició.
–¿De qué manera integró los elementos de esa representación en su relato?
–Convertí a la figura del cuadro en protagonista de mi historia, un chico solitario cuyo único amigo era su reflejo. Sin embargo, a medida que fue creciendo se hizo más frío, muy racional y con menos imaginación —que es como represento a los adultos en mis historias—, y se olvidó de su reflejo hasta que un día éste apareció de espaldas. En busca de una explicación lógica a ese fenómeno encontró un diario que tenía cuando era joven y en el que prometía a su reflejo que nunca la abandonaría. Al entender todo le pidió perdón pero ya era tarde porque en el espejo no volvió a aparecer nadie.
–¿Hay temas o personajes que se repitan en sus escritos?
–Los protagonistas siempre son o bien un personaje antisocial o uno más rebelde que son ignorados porque su personalidad es molesta o porque pasa demasiado desapercibido, pero a ninguno les gusta sentirse ignorados. Son un reflejo de mi hermana y de mí y me resulta más fácil escribir sobre cosas reales porque en las historias fantásticas hay que inventárselo todo.