Sabían que se lo iban a pasar bien, así que se llevaron el aplauso bien preparado, entre la chaqueta y el bolso pero, muchos de los que ayer asistieron al concierto de la Orquesta Sinfónica de Galicia en la plaza de María Pita se lo pasaron incluso mejor de lo que se esperaban. A algunos, el concierto de ayer les pilló volviendo a casa del partido del Dépor, así que celebraron, con sus camisetas y bufandas todavía puestas, las concesiones futboleras del repertorio, un coro de Haendel que sirve de sintonía a las competiciones europeas y el himno del Deportivo, que sonó en los bises y que se llevó toda la emoción del público.
En más de una, de dos, de cinco y de seis ocasiones mandó el maestro Víctor Pablo Pérez a los músicos que se levantasen de sus sillas para agradecer el aplauso de sus vecinos, que se iban acomodando, poco a poco, en diferentes puntos de la plaza, primero en las más de cuatro mil sillas que había colocado el Ayuntamiento, después en los bancos de madera, en las jardineras, en las escaleras, en los balcones de las casas y en las terrazas. Los que llegaron tarde se conformaron con ver el concierto por alguna de las tres pantallas que les acercaban al escenario y les permitían captar los detalles que la lejanía les negaba.
Sonó Haendel, sonó Verdi, también Rossini, Borodin y Wagner, pero lo que más ilusión hizo a los pequeños, que jugaban a dar vueltas y a coger vuelo con sus faldas, fueron las canciones de las películas de Disney que sonaron casi al final como el Supercalifragilístico de Mary Poppins. La canción de Nacho Cano popularizada por Mecano Los piratas del amor fue uno de los temas —además del himno del Dépor— que el público más se animó a cantar por lo bajini. Uniendo sus voces a las de los Niños Cantores de la Sinfónica y a la del Coro de adultos de la formación.
Los aplausos estuvieron presentes durante todo el concierto, pero más todavía al final, con la despedida de la orquesta. El director de la formación, Víctor Pablo Pérez, se puso una bufanda del Dépor para dirigir el himno del equipo, por lo que consiguió, aún más meterse al público en el bolsillo y conseguir que el sabor de las más de cinco mil bocas que había en María Pita fuese un poco mejor que bueno. Los aplausos acompañaron también al adiós del que fue el solista de la actuación, Benito Cabrera, que acompañó a la orquesta con su timple canario. No fue el único instrumento que se salió de los estándares que el público está acostumbrado a escuchar sobre un escenario y es que un yunque tocado por dos martillos llamó la atención de todos los que se habían parado a escuchar a la Sinfónica, porque su apariencia no permitía adivinar que pudiese estar integrado en una pieza clásica.
Hoy, a las 21.30 horas, tocará la Escuela Municipal de Música de A Coruña bajo la dirección de José A. Acuña. El repertorio incluye piezas de Miles Davis y Charlie Parker y sambas compuestas por el director de la formación, entre ellas samba pa um Nonito na Pereira.
Con estos conciertos que acercan a los vecinos el día a día de las formaciones municipales, se despide del escenario de María Pita la programación musical, ya que el próximo martes el broche final a un mes de festejos lo pondrá la gala de magia Robert Houdin, en la que participarán, entre otros ilusionistas, Román García y Kiko Pastur.