Paseos

La ciudad romana

0 votos

Lugo - Lugo
Ignacio Gracia Noriega Lugo ya no es una ciudad elevada en medio de una llanura, rodeada de muralla, sino una ciudad moderna ceñida por un espeso cinturón comercial y urbanístico [..]

Ignacio Gracia Noriega

Lugo ya no es una ciudad elevada en medio de una llanura, rodeada de muralla, sino una ciudad moderna ceñida por un espeso cinturón comercial y urbanístico con grandes cafés y restaurantes

La antemuralla de altos edificios modernos de hormigón y cristal tapa la perspectiva de la ciudad amurallada que contemplaron el rey Alfonso el Casto y los peregrinos de otras épocas. A nuestra derecha dejamos el puente romano, levantado en el siglo I, reconstruido en el XII, reedificado en el XIV y reformado en el siglo XVIII. A partir de entonces, ha cambiado profundamente el entorno. Lugo creció mucho, sobre todo en los últimos años, y ese crecimiento modificó su imagen exterior. Ya no es una ciudad elevada en medio de una llanura, rodeada de muralla, sino una ciudad moderna ceñida por un espeso cinturón comercial y urbanístico. Como sucede con tantas ciudades de pasado ilustre afectadas por la modernidad avasalladora, por afuera desazona, pero dentro de la muralla mantiene el ritmo lento y antiguo de una vieja población de provincias episcopal y latina. No fue sede de reyes góticos, pero contempló el paso de las legiones civilizadoras, las que trajeron el trigo, el vino, los castaños y el latín. Lo uno por lo otro.

La muralla fue construida entre los años 260 y 310, con 2.140 metros de perímetro y 71 cubos, diez puertas de entrada y seis accesos interiores. De los cubos, el de Mosqueira es el único que conserva los huecos originales. Da impresión de solidez bajo el cielo encendido y quieto de un grandioso crepúsculo de verano. Estas murallas fueron escenarios de las luchas de los suevos y hasta ellas llegó el moro Muza y dos siglos y medio más tarde el no menos moro Almanzor, a su regreso de Santiago, adonde no había ido como peregrino, sino como depredador. Almanzor llegó hasta el sepulcro del apóstol, después de haber recorrido toda la España cristiana a sangre y fuego: pero ante el sepulcro le detuvo un ermitaño, que le ordenó respetarlo. Menos mal que entonces no era Moratinos ministro. Al regreso a sus bases, pereció en la batalla de Calatañazor y fue enterrado en el polvo que sus vestidos habían recogido en todas las batallas en las que intervino y que conservaba guardado en un cofre. "La antigua capitalidad del convento jurídico, Lucus Augusti, debe su origen a la situación estratégica que disfruta -escribe Uría- rodeado por todas partes, menos por el Norte, de tierras más bajas, se eleva sobre el valle del Miño que corre al Sudoeste, en lugar a propósito para servir de nudo de comunicaciones con otros territorios del noroeste de la Península".

En el siglo XII, Lugo era lugar de cita de los peregrinos, por lo que tenía cinco hospitales, el más antiguo establecido en una casa con escudo de armas situada frente a la catedral por su lado norte, y mencionado por primera vez en una donación del año 1118, en la que recibe el nombre "hospital: pauperum", dependiente del Cabildo. En el siglo XVII se le atribuyen a Lugo veinte hospitales, pero Uría supone que debían tratarse de todos los existentes en la provincia, y por confusión o por simplificar se le atribuyeron a la ciudad.

Los peregrinos procedentes del Este, si lo hacían por la ruta de Ribadeo, Mondoñedo y Villalba, entraban por la puerta Nueva o de San Fernando y los que llegaban por Fonsagrada por la puerta toledana o de San Pedro, que por una calle peatonal, con bajos comerciales y escaparates iluminados, desemboca en la playa Mayor y bajando unas escaleras de piedra, en la plaza de la Catedral, a la que se ve por la parte de atrás, lo cual presenta una ventaja de orden estético, dado que el ábside tiene más gracia que la pesada y neoclásica fachada principal, producto del benéfico y plúmbeo siglo XVIII, donde la arquitectura había renunciado a cualquier ligereza, la pintura era relamida, el teatro se medía por el reloj, la poesía parecía prosa y la prosa era mala.

La catedral es como un inmenso bazar arquitectónico. Se construye en el siglo XII, sobre los cimientos de dos basílicas anteriores. La nave central, parte de las naves laterales, los brazos del crucero y el triforio son románicos, pero a lo largo de los siglos se interfieren elementos góticos, barrocos y neoclásicos. La fachada principal es muy grande: si eso es mérito, es de mérito. La salvan un poco las dos torres a ambos lados, pero no resiste la comparación con el sobrio pórtico ojival de la fachada norte, rematado con la solemne talla del Salvador del Mundo. Dentro, una Virgen de nombre poético, Nuestra Señora de los Ojos Grandes reside en una capilla dieciochesca. Sus grandes ojos contemplan el mundo, pero no expresan ninguna opinión sobre él.

Desde la catedral, por la Rúa del Obispo Basulto, se entra en la zona de los vinos, de calles estrechas y muy animadas, sobre todo por una juventud que muestra al descubierto sus extremidades superiores e inferiores. Detrás se encuentra el convento de los Padres Franciscanos, con su extraña y bella iglesia gótica rematada por una torre que se recorta sobre un cielo de nubes nocturnas. Lo fundó San Francisco, el santo de Asís, durante su peregrinación a Santiago. La desventaja de los santos históricos, es decir, de aquellos cuya biografía puede precisarse documentalmente, frente a los de condición legendaria o mágica, es que muchos hechos que se les atribuyen no encuentran confirmación; es el caso de la peregrinación de San Francisco a Santiago, aunque me gustaría creer que el poverello recorrió estas tierras del Noroeste con sombrero, bordón y vieira, que se detuvo en Tineo y fundó conventos a su paso, como éste de Lugo.

Cenamos en Verruga, el mejor restaurante de Lugo o, cuando menos, el más clásico, en una calle próxima a la catedral. La barra está muy animada; en cambio el comedor está casi vacío. Como no hay mucho agobio, el camarero intenta poner en hora el reloj de pared. Comemos un caldo gallego según la norma del "caldo blanco": sólo patatas y grelos y el sabor del unto, de color pálido, gris verdoso, y sabor muy tonificante. Después, bonito en rollo, bien presentado, con una fina salsa y virutas de jamón espolvoreando las lonchas. Resulta un poco compacto, tal vez porque no lo suavizan con pan. Pero el sabor, que es lo que importa, es bueno aunque distinto.

Después volvemos a la plaza Mayor, a tomar café en el Café del Centro, de una estirpe de cafés que ya no quedan, a la que pertenecen Novelty de Salamanca, A Brasileira de Lisboa o el Café Casino de Santiago.

Galería de fotos

Mapa

Musical en A Coruña

Responde a las preguntas y podrás ser el afortunado que acuda acompañado a ver el musical 'Priscilla, Reina del Desierto' en el Palacio de la Ópera
¡No te lo pierdas!

Encuentra los eventos de