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La primera noche punk coruñesa

Los neoyorquinos Ramones, teloneados por los ourensanos Los Suaves, ofrecieron un influyente recital en el Palacio de los Deportes de Riazor el 13 de noviembre de 1981, hace hoy treinta años
12-11-2011 23:27
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Joey Ramone, en el Palacio de los Deportes.  Xurxo Lobato

Joey Ramone, en el Palacio de los Deportes. Xurxo Lobato

Hace exactamente treinta años, el 13 de noviembre de 1981, se vivió en la ciudad un acontecimiento musical del que, tres décadas después, todavía se habla. Esa noche, uno de los grupos más influyentes del rock, Los Ramones pasó como una locomotora por las tablas del Palacio de los Deportes de Riazor, teloneado por unos imberbes Los Suaves, que no solo lograron que los rudos fans de los neoyorquinos no les expulsaran a botellazos del escenario, sino que terminaron su breve pase entre vítores.
El artífice de que la segunda gira española de Los Ramones —en la que presentaban el popero e infravalorado Pleasant Dreams— pasara por la ciudad fue el crítico y promotor Nonito Pereira: “La cosa surgió un poco de casualidad; un amigo mío que trabajaba en una importante productora me planteó la posibilidad de traerlos. Me pareció una idea fenomenal”.
El hijo de Pereira, Nonito Pereira Jr., que por entonces tenía doce años, fue el encargado de la pegada de carteles del evento y de otras labores logísticas. Todavía fanático ramonero a día de hoy, recuerda la nutrida afluencia de público foráneo que desfiló por la tienda de discos de su padre para adquirir las localidades del concierto. “Vino mucha gente de Vigo, Ponferrada, Asturias... Aquí todavía no había mucho movimiento”.
En total, se concentraron más de 4.000 rockeros en el pabellón, esperando vibrar al ritmo de Blitzkrieg Bop y Sheena is a punk rocker. Pero la primera terapia de choque con la que se toparon no se la proporcionó el cuarteto de Queens, sino unos melenudos de la cercana Ourense. “Para esa gira los promotores decidieron contratar a bandas locales, porque Los Ramones estaban en la cresta de la ola y sus fans eran muy duros; si no les gustaba el grupo telonero, lo echaban del escenario a botellazos. Entonces, optaron por buscar a un grupo de paletos kamikazes de las montañas de Galicia para el trabajo. Eso era lo que calculaban, y allí nos fuimos”, cuenta con su habitual retranca el bajista de Los Suaves, Charly Domínguez.
“Alguno del grupo no quería ir, pero al final accedimos porque nos gustaban mucho Los Ramones, y así, por lo menos, los veríamos gratis —prosigue el músico—. Y una vez allí, parece que se juntó el sol y la luna, porque durante nuestra actuación, que solo duró media hora, el público no paró de jalearnos y vitorearnos. Aún me para gente y me recuerda ese concierto”.
El impactante pase de los de Yosi y los suyos también impresionó a Pereira: “Cuando acabaron su actuación, Los Suaves se abrazaron y empezaron a llorar como niños de la emoción.  Fue un momento muy entrañable, y lo cierto es que lo hicieron muy bien. Ahí empezó su carrera”. Incluso el díscolo bajista de Ramones, Dee Dee, felicitó a los ourensanos y les aseguró que habían sido los mejores teloneros que habían tenido en esa gira europea, aunque Charly, entre risas, afirma que eso se debe a que al resto de bandas que abrían para ellos las echaban del escenario.
“Recuerdo a Los Ramones hieráticos, menos Dee Dee, que no paraba de saltar —rememora Pereira Jr. sobre la actitud escénica de los neoyorquinos—. Y me llamó mucho la atención el guitarrista Johnny, con sus piernas arqueadas, su guitarra, y su enorme mano tocando en plan metralleta. Fue todo muy precario en cuanto a medios, pero había mucha emoción ahí dentro. No era postureo. Además, dio lugar a la aparición de una generación de grupos que participó, meses después, en el concurso Pop-Rock Cidade da Coruña. Me consta que esa noche vino al Palacio de los Deportes gente de Radio Océano, Bar, Metro y Siniestro Total”.
Charly Domínguez es incapaz de olvidar el atronador volumen con el que Ramones descargaron sus himnos: “Sonaron demasiado alto, sobre todo el bajo, y manda cojones que diga yo esto”.
“Yo lo recuerdo como un hecho histórico —sonríe Pereira—. Tener a Los Ramones aquí era algo impensable. Fue un gran concierto de rock and roll”.

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