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El retorno del carbón y el diamante

Los propietarios de Discos Noni’s y Portobello confirman que la ciudad sigue la tendencia de aumento de ventas de los discos de vinilo frente a la caída estrepitosa de los compactos
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Jaime Manso, propietario de Portobello, posa ayer en su local con varios discos de vinilo Víctor Echave

Jaime Manso, propietario de Portobello, posa ayer en su local con varios discos de vinilo Víctor Echave

En plena crisis de la industria discográfica, y en medio de los acalorados debates por causa de la ley Sinde, la única conclusión mercantil que se puede extraer de la debacle de un comercio musical basado en el CD es que el disco de vinilo, el mismo formato que el compacto parecía haber enterrado a finales de los 80, ha regresado. Los propietarios de dos de las tiendas de música que sobreviven en la ciudad, Jaime Manso, de Portobello, y Nonito Pereira Jr., que dirige Noni’s, confirman esa tendencia.
“Sí que se nota —asegura Manso—, sobre todo en los últimos dos años. No es un crecimiento espectacular, pero es muy evidente”. Pereira lo corrobora, aunque cifra el repunte en las ventas de discos en cinco años, sobre todo por parte de una nueva hornada de enérgicos melómanos: “Vienen a comprarlos chavales de veintipocos, que no conocieron la época del vinilo. Y tienen un gran entusiasmo, una especie de militancia”.
Pero, por desgracia para estos empresarios del sonido, esta vuelta al carbón viene acompañada de la debacle del CD. Y el aumento en las ventas del vinilo no cubre ni de lejos el hundimiento del disco digital. “Es una proporción de crecimiento muy pequeña —confirma el jefe de Noni’s—. Donde antes vendía quince cedés, ahora despacho cinco vinilos. Pero es que, desde 2001, las ventas de compactos han bajado un 80%. Más no se puede bajar”.
Jaime Manso tiene muy claro quiénes son los culpables del apocalipsis que vive este formato, que se vendió en su día como definitivo en lo que a sonido se refiere: “El CD es muy fácil de piratear, y se puede comprar en todas las calles. Además, el compacto va a ser la tumba de la industria, porque los muy sinvergüenzas vendían latas pintadas, que les costaba 30 pesetas fabricar, a 3.000”.
En cuanto a la calidad de audición, el propietario de Portobello también prefiere el sonido orgánico que ofrece el vinilo frente a la precisión matemática del soporte digital: “Siempre lo defendí. Es un buen método de grabación, un millón de veces mejor que el CD. El disco suena más cálido, y se puede sentir el aliento del cantante. Además, no es un formato de usar y tirar; es una pieza de arte en la que ha trabajado mucha gente, y que permite un contacto físico con la música”.
Pereira se muestra menos entusiasta que su colega con las 33 revoluciones por minuto, y afirma que lo que a él le gustan son las canciones, no los formatos. “Aunque el soporte original en el que se editaron los mejores discos de la historia es el vinilo —reflexiona—. Es verdad que tiene otra vistosidad, y se ha hablado mucho sobre la calidad de su sonido, comparado con el CD. Yo no tengo ninguna predilección, aunque, pese a que tengo cedés y cassetes, mi colección de discos es en vinilo”.

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