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Celso Albelo | Tenor, en concierto este domingo en el teatro Colón

"No me arrepiento de nada de lo que he hecho musicalmente"

"Cuando pierdes el miedo a cantar, descubres un mundo lleno de desahogo"
04-09-2019 18:55
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El tenor Celso Albelo. Joan Tomàs

El tenor Celso Albelo. Joan Tomàs

Como prácticamente cada inicio de temporada, Celso Albelo prepara la maleta para viajar a A Coruña. Lo hace desde hace una década, impulsado por una estrecha relación con Amigos de la Ópera, que lo han escogido para abrir su Programación Lírica este domingo en el Colón (20.00 h). El intérprete, que viene de grabar Enea in Caonia en Roma, inaugurará el cartel con piezas de su disco Íntimamente, y con joyas de Verdi como Un ballo in maschera. En su actuación, ofrecerá además en primicia la Doña Francisquita de Vives y La Bohème de Puccini, que ha sumado recientemente a su lista de más de 30 roles operísticos.

Regresar cada septiembre a la ciudad, ¿es ya un ritual como cantante?

Es una visita casi fija. Hay mucha gente que me llama el tenor gallego que nació en Tenerife por eso. Los Amigos de la Ópera me apoyaron en mis inicios y lo siguen haciendo, así que tenemos una amistad aparte del vínculo artístico que nos une.

A pesar de ello, su primer disco ha tardado en llegar aquí...

Sí, pero porque el mundo de la música, como el de la política, tiene unos tiempos diferentes a lo habitual. Pero creo que lo importante es que el cariño con el que lo vamos a presentar es el mismo. Es mi primer trabajo en solitario, y hay mucho que festejar.

Apuesta en el álbum por la música hispanoamericana, ¿se cansó de tanto mirar a Europa?

Lo que ocurrió es que nosotros, los canarios, somos un pueblo de emigrantes. Y entre Canarias y Sudamérica hay un nexo muy especial. Yo he crecido con ese trasiego, y como español, también he bebido de Falla, de Turina... Por eso quería hacer un homenaje a las costas que podemos encontrar en la España peninsular y en Latinoamérica, con Canarias como unión.

¿No lo hizo también por nostalgia? En su juventud ya le daba a los boleros...

[Risas] ¡También habrá algo de eso! No podemos olvidar que, si yo estoy donde estoy, es porque descubrí la voz tocando la guitarra. Me metí en la tuna, empecé a crecer musicalmente ahí, y eso me ayudó a seguir adelante. No me arrepiento de nada de lo que he hecho musicalmente, y esta es una de mis partes. La gente me pregunta qué es lo que queda de aquel Celso, y lo que no he perdido es la ilusión por cantar.

Es que si la pierde...

Sí, pero piensa que uno canta mucho, está todo el año. Pero a mí me das una guitarra y me lo paso bien. Lo necesito, y soy afortunado, porque perdí el miedo a cantar. Cuando lo pierdes, descubres un mundo lleno de desahogo.

¿Por qué le daba reparo?

Porque soy tímido. Pero uno aprende a solventar esos detalles. Yo he aprendido a amar ese momento, cuando sales a cantar...

Habla de aprender. ¿Qué es lo que no se puede estudiar?

El duende. Un sentimiento y un modo de decir las cosas que no es tangible, y que yo hasta ahora no he podido enseñar. No sé de qué depende el pasar de algo bien cantado a algo que toque a la gente.

Su maestro, Carlo Bergonzi, insistiría en la diferencia

Sí. Es ese punto de suerte que tenemos que tener los artistas cuando empezamos. Yo la tuve y, de hecho, la estoy aprovechando, porque esto es un continuo estudio.

Dice que Bergonzi era su último cartucho, ¿se le habían acumulado las desilusiones?

No, lo que ocurre es que... Mira, en esta profesión hay muchos momentos que no son tan buenos como la gente se piensa. Sobre todo, cuando empiezas. Son muchos "no", las puertas se te cierran, y a los intérpretes españoles se nos hace un poco complicado buscarnos un hueco en España. A no ser que empieces por fuera, y después vengas.

¿Fue su caso?

Sí. Yo estudié en la Escuela Superior de Canto Reina Sofía, pero no llegaba a convencer a los gestores culturales de entonces. Pero pasó por mi camino Carlo Bergonzi, y cuando me escuchó me dijo: "Si usted viene conmigo, le hago cantar en los teatros más importantes del mundo". Yo me eché a reír, porque con que me dieran trabajo ya me conformaba [risas]. Pero estudié con él, y no estaba equivocado.

Ahora acaba de sumar a su repertorio La Bohème, ¿cómo afronta a Puccini después de tanto bel canto?

Estudiando mucho, y viendo los detalles de la partitura. Te das cuenta de que Puccini es el compositor más cinematográfico que puedes encontrar, porque cuando quiere hacer un zoom, concentra las direcciones musicales, y, cuando quiere hacer un plano general, ves cómo la música se expande. Hacer todo eso con la voz a veces se consigue y a veces no, pero es un papel que voy a incorporar, y espero tener la oportunidad de ir desarrollándolo con los años.

Verdi también tiene una tesitura un poco endemoniada, pero usted se atrevió con él en su debut

Aquello fue una especie de locura, de esas en las que te embarcas sí o sí, y salió bien. De hecho, sigo cantando Rigoletto...

¿Y le ha valido ya el respeto de los críticos? Porque le acusaban de tener una voz pequeña...

También decían que mi carrera duraría 3 años, y ya son unos cuantos más. No dejan de ser opiniones, pero mi voz se escucha y está sana. Yo creo que, al final, lo importante es ser honesto con aquello que presentas al público. Puedes gustar más o menos, pero la sinceridad siempre sale a flote.

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