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Miguel del Arco | Director de 'Jauría', en escena hoy y mañana

"Hemos sido criados en un país absolutamente machista"

"Nos sentíamos distintos de 'La Manada', pero emitimos juicios que tienen que ver con ellos"
10-10-2019 19:04
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El director de 'Jauría', Miguel del Arco. Vanessa Rábade

El director de 'Jauría', Miguel del Arco. Vanessa Rábade

Desde que fundó Kamikaze Producciones hace 17 años, Miguel del Arco ha hecho de las tablas un modo de canalizar su indignación, internándose en más de un tema espinoso que le ha valido polémicas. El último ha sido el caso de La Manada, cuyo juicio trascribe Jordi Casanovas en Jauría. La obra, dirigida por Del Arco, transforma en teatro documental el litigio que "sacudió la opinión pública", sin posibilidad de huir a la ficción. Esta tarde y mañana (20.30 h) la pieza llevará sus reflexiones al Rosalía, para recalar el domingo en el Festival Internacional Outono de Teatro de Carballo.

Su lema de hacer un teatro arriesgado, ¿lo han llevado a su máxima con Jauría?

Sí. Era arriesgado porque era un tema mucho más que de rabiosa actualidad, era punzante. Y muy delicado. En Jauría no hay una sola palabra de ficción, todo está escrito a partir de las actas reales del juicio sobre La Manada.

¿Cómo se acogió la noticia de que iban a teatralizarlo?

Hubo muchas voces en contra. Desde el que dice que este país está dirigido por un lobby feminazi, hasta las feministas radicales que decían cómo éramos capaces de hacer dinero con esta desgracia. Pero a mí lo único que me importaba era la opinión de la víctima, y contábamos con su apoyo. Lo demás daba igual, porque defiendo la libertad de expresión a ultranza.

¿Han abierto debates que no abriera ya el caso?

Sí. La gente tiene una necesidad vital de hablar tras la función. Viene creyendo que sabe mucho del tema, pero hay muchas sorpresas. Por otra parte, está la vía emocional. Los silencios que yo he oído en Jauría no los había oído nunca.

La actriz María Hervás dijo que entró en la obra con dudas sobre lo que realmente había pasado. ¿Usted también?

Sí, tenía muchas. Primero, porque hice el intento desde el principio de no juzgarlos. Si lo haces, los sitúas en un plano alejado de ti, y lo que yo quería era indagar cuánto de La Manada había en cada uno de nosotros. Los actores y yo nos sentíamos muy distintos de esos agresores y, sin embargo, nos hemos dado cuenta de que hemos emitido algunos juicios que tienen que ver con ellos, porque hemos sido criados en un país absolutamente machista.

¿El teatro debe ser espejo ante esa clase de cosas?

El teatro tiene que estar muy pegado a la sociedad en la que vive porque, si no, no va a funcionar. Si se convierte en museo y no le habla al siglo XXI, lo tiene perdido.

¿Ha existido ese riesgo?

Los profesionales hemos podido estar más despistados, también por esta educación que hay alrededor del ocio como algo que solo puede ser entretenimiento. Pero yo siempre hago los espectáculos como si me fuera la vida en ello. Las representaciones conviven conmigo de una manera muy íntima, y también me destrozan por su grado de exposición.

Me sorprende que hable de la exposición del director, cuando precisamente lo que no le convencía de ser actor era el pudor

Sí, pero son pudores diferentes. Está el de salir al escenario„ que creo que me moriría si tuviera que hacerlo„ y luego la exposición del trabajo. Al final, las cosas malas de un espectáculo siempre son culpa del director, porque es el encargado de hacer que el equipo funcione. Si además diriges un teatro, la vida se complica.

¿Qué le ha descubierto de la profesión su tiempo al frente de El Pavón Teatro Kamikaze?

Hay que tomar decisiones que antes no tomaba. Tengo que asumir los riesgos de una función inquietante con una compañía en la que no tengo famosos pero que me tiene que llenar una sala porque, si no, nos hace un agujero tremendo. Estamos a la peseta, llevamos tres años de gloria e infierno a la vez.

Ayer habría un poco más de gloria, estrenó su nueva adaptación, Ricardo III. ¿Vuelven a azotar a la clase política?

Es que Ricardo III es brutalmente política. Es un personaje que no sabe lo que quiere hacer con el poder, pero que tiene claro que lo quiere. En nuestra clase política tampoco tenemos muchas propuestas, sino los movimientos de quién se acopla en el sillón. Lo que van a hacer no lo sabe nadie, pero lo hemos normalizado.

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