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José Ovejero | Escritor, presenta este miércoles su libro 'Insurrección'

"Un poco más de insurrección le vendría muy bien a nuestra sociedad"

"Escribir es una revolución, pero no basta" || "La ciudad se ha convertido en un producto"
04-11-2019 21:45
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El escritor José Ovejero, en una imagen promocional. Lisbeth Salas

El escritor José Ovejero, en una imagen promocional. Lisbeth Salas

En la fractura. Ahí es donde uno puede encontrar desde hace años a José Ovejero, maestro de las brechas con la vieja costumbre de resaltar a base de tinta las grietas de la sociedad. Insurrección, su última novela, se adentra en las más contemporáneas, que emplea para señalar uno de nuestros mayores males. Entre barrios engullidos por el turismo, trabajos precarios y jóvenes sin esperanzas de futuro, el escritor arroja rayos de luz sobre un entumecimiento que, dice, nos impide reaccionar, y que retrata con un locutor conformista, Aitor, y su hija Ana, una adolescente convertida en okupa. De su rebeldía hablará este miércoles 6 de noviembre a las 20.00 horas en la librería Fiandón (calle San Roque, 11), como parte del ciclo Cóctel de letras.

Parece que el mundo no deja de defraudarle...

(Risas) Supongo que eso tiene que ver con que lo que me empuja a escribir es una zona de tensión que descubro en algún sitio. A lo mejor por eso tengo esta fama de pesimista, pero no lo soy. Si te digo la verdad, además, no sé muy bien de qué lado estoy en muchas cosas. Por eso intento que ninguno de mis personajes sea plano, que no haya malos ni buenos.

Su protagonista, Aitor, mira por la ventana e imagina otras vidas. Pero para este libro usted ha salido a la calle

Sí, he tenido que ir a muchos sitios. Por un lado, a la radio, para conocer sus mecanismos internos, sus tensiones... En el otro extremo, he tenido que informarme de primera mano sobre el movimiento okupa, que no conocía bien. Por suerte, tuve gente que me llevó.

¿Cómo fue la incursión?

Muy interesante. Lo bueno cuando te adentras en un mundo es que pierdes prejuicios...

¿Usted tenía muchos?

Todos los tenemos, es lógico. Nos sirven para orientarnos en el mundo, pero también es bueno ponerlos en tela de juicio. Al conocer el mundo okupa me di cuenta de su variedad de propuestas. Hay un centro social okupado en mi barrio [Lavapiés] que ofrece cultura, encuentros... No están haciendo otro daño más. Y resulta que, antes, ese mismo edificio protegido iba a ser derribado por gente que hizo una ley a última hora. ¿Quiénes son más delincuentes?

Sin embargo, la okupación no tiene buena prensa, ni demasiados libros...

Es un fenómeno poco conocido. Hay ensayos magníficos que hablan de ello, pero había poca ficción al respecto. Y para entender al otro no basta con investigar, necesitas imaginación empática, que es lo que nos da la ficción.

La suya parte de un Lavapiés engullido por el turismo. ¿El mercado le ha ganado a la vida?

Sin duda. La ciudad se ha convertido en un producto al que sacarle rendimiento. ¿Y a cambio de qué? Dicen que de creación de riqueza, pero para los inversores. Y las leyes que posibilitan todo lo que está sucediendo son responsabilidad nuestra. Eso tenemos que pensarlo cuando votemos, ahora que se acerca el momento...

Otra vez...

Sí (risas). A ver si esta vez lo resuelven... Lo resolvemos.

Ana lo intenta rebelándose, pero, ¿no es utópico eso de vivir sorteando el sistema?

Es más cómodo dejarse llevar hasta que te toca a ti. Pero, cuando te afecta, ¿cuál es el estrés? ¿la insurrección o no poder pagar el piso? Lo estresante a largo plazo puede ser someterse y aceptar.

El feminismo, el movimiento ecologista... ¿De verdad aceptamos tanto?

Yo creo que una parte importante de la sociedad sí. El movimiento más masivo que ocupa ahora las calles es el feminismo, que me alegra. Pero me falta que seamos capaces de salir tan masivamente para defender la sanidad, para parar los desahucios... Los hacemos, pero el capital es paciente. Todos estos movimientos a largo plazo acaban perdiendo efervescencia.

Hoy en día, ¿el pulso lo mantienen los jóvenes?

Cuando yo he ido a manifestaciones, he visto a miles. A veces, veo a más jóvenes y gente mayor que de mediana edad. Me da la impresión de que es esa parte la que está un poco más aletargada. Un poco más de insurrección le vendría muy bien a nuestra sociedad.

Habla de la generación de Aitor, a la que está más próximo. ¿Esconde esta novela una decepción consigo mismo?

Sin duda. Yo puedo simpatizar con Ana, pero soy más Aitor, que es la contradicción que tenemos mucha gente que nos definiríamos de izquierdas pero que vivimos casi como si fuéramos de derechas. Tenemos una serie de valores morales que hemos ido sacrificando por lo práctico. Y acabamos haciendo cosas con las que en realidad no estamos de acuerdo.

¿Contra qué no ha sido capaz de rebelarse, aunque querría?

Yo creo que ha habido momentos en los que debería haber sido mucho más activo políticamente. Fui a manifestaciones cuando era joven, y he empezado a ir con más frecuencia hace poco, pero entremedias hay todo un periodo. No recuerdo haber escrito nada contra la corrupción en los 90, y era algo de lo que debería haber hablado.

¿Escribir es una suerte de revolución?

Escribir es una revolución, pero no basta (risas). Ya quisieran los gobernantes que nos limitásemos a eso, porque no va a cambiar nada si no va acompañado de otras cosas. Lo que se ha aprendido en los últimos años es que hay que tomar las calles y que ni siquiera eso es suficiente siempre. Y lo que es más importante: si estás pensando en la insurrección, tienes que pensar en cuál merece de verdad la pena.

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