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Joaquín De Luz | Director artístico de la Compañía Nacional de Danza

"Se dice que los bailarines lloramos mucho, pero es que se nos maltrata"

"El desequilibrio entre el talento y el apoyo que se le da a la danza es muy grande, y yo voy a hacer todo para cambiarlo" || "Se nos valora solo fuera"
18-11-2019 19:30
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El bailarín Joaquín De Luz. Sergio de Luz.

El bailarín Joaquín De Luz. Sergio de Luz.

Joaquín De Luz (Madrid, 1976) se estrenó el pasado septiembre como director artístico de la Compañía Nacional de Danza, que este fin de semana se une por primera vez a la Sinfónica de Galicia para representar en el Palacio de la Ópera de A Coruña su versión de Carmen, de Bizet. El bailarín, que desarrolló gran parte de su carrera en Estados Unidos, regresa a España con una ilusión con la que no puede la burocracia, decidido a poner a la entidad, y al baile del país, a la altura que "se merecen".

Recuperan en su versión la novela original de Mérimée, ¿se había perdido la esencia de la verdadera Carmen?

Es que hay muchas formas de mirar a Carmen y no sabes cuál es la verdadera. Yo la interpreto como una reivindicación de una mujer libre y poderosa, dueña de hacer con su vida lo que quiera. Es un tema que está muy en auge por la violencia machista, y cuando se estrenó fue muy controvertida. De hecho, cuando fuimos a China de gira nos preguntamos cómo iba a funcionar, pero la gente se lo tomó bastante bien (risas).

Apuntaba que es un tema en boga. ¿Interpela más ahora que hace cuatro años?

De una manera diferente. Hay que tener en cuenta que la sociedad va cambiando, y las libertades de las personas que estaban oprimidas. El arte provoca una reacción y, por lo que he visto en diferentes públicos, esta Carmen provoca muchas y muy buenas.

Fue la primera pieza que la CND representó con usted como director. ¿Ya le han apagado el fervor los presupuestos y la burocracia?

No, el fervor no se me apaga. Lo que pasa es que, cuando te das de bruces con la realidad y con la administración... Tenemos un talento inmenso y se nos valora solo fuera. El desequilibrio entre el talento y el apoyo que se le da a la danza es muy grande, y yo voy a hacer todo para cambiarlo.

¿Ya tiene planes?

Tengo muchos y, si no me dejan, cambiaré de plan (risas).

El de volver tras su paso por el New York City Ballet... Algunos lo verían como un error

Muchos (risas). Me han dicho que qué iba a hacer aquí, pero para mí la responsabilidad que tengo para con nuestra danza es muy grande y, si no lo hubiera hecho, me habría arrepentido toda mi vida. Yo vengo aquí a impulsar la danza y a la compañía a donde se merecen, que es mucho más alto de lo que están.

¿La danza se ha quedado desplazada en el cuadro de las artes?

Bastante desplazada. Por darte un dato, en España hay 101 orquestas con un presupuesto medio de casi 3 millones de euros. Y hay dos compañías nacionales. Siempre nos dicen que los bailarines lloramos mucho, pero es que se nos maltrata muchísimo. No se tiene consciencia de lo que requiere esta profesión desde una edad muy temprana.

Fue su madre la que le metió en el mundillo en esa época...

Sí. Mi madre bailaba como afición y me metió. Mis padres me apoyaron muchísimo, y todos tiramos para adelante con esfuerzo. La disciplina, la concentración, el foco... ¡Son armas que ya quisieran muchos de nuestros políticos! (ríe).

Se cumple un año desde que dejó todo aquello, ¿dolió colgar las zapatillas?

La verdad es que no he tenido tiempo de asimilarlo. De todas formas, no las he colgado al 100%. Me he retirado de la escena en gran formato, en el Lincoln Center, porque consideré era un buen momento para hacerlo, pero cuando eres bailarín lo eres para siempre.

Su vida como artista, ¿era muy diferente a la que tienen hoy los de su compañía?

Yo creo que a la que tienen hoy los bailarines en general. La sociedad ha cambiado muchísimo, la balanza entre la queja y el rigor se ha desequilibrado. Veo mucha queja y poco rigor en el mundo de la danza. En esta época de Youtube, están de moda los atajos. Pero aquí no hay atajos, aquí hay que trabajar para merecerse algo.

A sus bailarines les ha prohibido los móviles...

A mí no me gusta la palabra prohibir. Les he sugerido, de una forma un poco firme... (Risas). Simplemente considero que estamos ya muy desconectados como sociedad, y que vamos como zombis mirando el teléfono. Y creo que, si estás con el móvil en una sala en la que se está creando arte, te lo pierdes.

Pide más atención, pero también más colaboración. ¿Falta solidaridad entre compañías?

Bueno, es que faltan compañías (risas). Y también un teatro. En Alemania hay 61 compañías con uno, aquí ninguna. Sí, falta unión en el mundo de la danza, pero es que faltan pasteles que repartir. Hay mucho talento que sale de nuestros conservatorios, y que no tiene donde bailar.

Los títulos que se interpretan son diversos, pero al final el público solo conoce un par. El lago de los cisnes, Cascanueces... ¿Hay medicina para eso?

Sí, se llama cultura. Si en la televisión hubiera al menos un programa de danza a la semana, en vez de Gran Hermano... Es un reflejo de lo que a los de arriba les interesa que la gente vea. Nos quieren mantener atontados. A mí me toca una labor casi de educación.

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