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Pinerolo, la ciudad más francesa de Italia

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Coristanco - A Coruña
De una gran belleza y clima templado, la coqueta ciudad de Pinerolo, que en latín significa pineda, ha sido definida como la Niza del Piamonte. A unos cuarenta kilómetros de Turín, [..]

De una gran belleza y clima templado, la coqueta ciudad de Pinerolo, que en latín significa pineda, ha sido definida como la Niza del Piamonte. A unos cuarenta kilómetros de Turín, al norte de Italia, y al pie de los Alpes italianos se levanta la localidad más hermosa de la región, que constituyó en su día una de las principales fortalezas de los Saboya. Si indagamos en su historia comprenderemos alguno de sus aspectos afrancesados, pues fue ocupada por el país galo en tres ocasiones, hasta que cayó Napoleón y con él todo su imperio.

Pasear por las calles del centro, bajo los tres kilómetros de longitud que alcanzan sus soportales, y visitar algunas joyas artísticas propias del país, disfrutando a su vez de la exquisita gastronomía italiana, son todo un lujo.

Desde el mes de febrero de 2006, Pinerolo ha alcanzado un mayor desarrollo urbanístico así como una considerable proyección internacional gracias a que constituyó una de las sedes de los Juegos Olímpicos de Invierno de Turín.

Durante la Edad Media, concretamente en el año 1246, la dinastía de los Saboya se adjudicó la soberanía de la ciudad. A partir de entonces Pinerolo alcanzó su máximo esplendor, llegando al momento más próspero en 1418 y bajo el mandato de Amadeo VIII, cuando la principal actividad económica provenía de las fábricas de papel y lana.

En la primera mitad del siglo XVI, las armadas francesas cruzaron los Alpes e invadieron el Piamonte por primera vez, construyendo un dominio militar que perjudicó la economía de la ciudad. Más de veinte años después, con la paz de la batalla de San Quintín, la ciudad volvió a manos de los Saboya, siendo arrebatada de nuevo durante un periodo de guerras contra el país galo.

Durante la segunda ocupación, el ingeniero francés más importante de la época transformó a Pinerolo en una fortaleza con dos puertas, una que salía a Francia, y otra a Turín, convirtiéndose así en la prisión más famosa de Europa. A finales del siglo XVII, con el tratado de Turín, los ciudadanos comenzaron a disfrutar de la nueva independencia de la localidad y a cambiar el aspecto de la ciudad con nuevas construcciones. En 1801 tuvo lugar la última ocupación y trece años después, con la caída del imperio napoleónico, Pinerolo volvió definitivamente a manos de los Saboya y la economía experimentó una fuerte recuperación.

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