Fin de semana

Cullera, al sur de la Albufera

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A Coruña - A Coruña

Es un contrafuerte de rocas y dunas con rincones secretos y playas solitarias

El parque tiene una existencia agónica (en lucha contra industrias obsoletas, lepra urbana y vertidos tóxicos) en el lado noroeste, pero incluso ahí hay parajes de gran calidad, como el Tancat de la Pipa. Pero si se toma la carretera del Saler, también llamada de Nazaret-Oliva, y no se abandona hasta llegar a las primeras elevaciones del Faro de Cullera, aguardan rincones secretos, playas solitarias y malladas agitadas por el vuelo ruidoso y párvulo de escribanos y jilgueros, poderosas dunas defendidas por tamarindos de cien años, urbanizaciones enrolladas como un gato en el regazo que forman las últimas colinas, las más septentrionales, de la Muntanya de les Rabosses, adonde hay que subirse para ver mejor la Bassa de Sant Llorenç rodeada de una corona de juncos.

Nunca vi como ahora tantas aves en el marjal; los patos confiados llegan hasta los aledaños de la carretera y la ermita. Monta bronca la cigüeñuela para proteger su nidada.

Desde esta colina, que en Cullera llaman collao, veo los esponsales de la enea y el tomillo, del pino y el arroz, del naranjo y las salicornias. Desde este lugar, el camino más trillado me llevaría a El Faro. En la rotonda anterior, viniendo de Valencia, un desvío a la izquierda te lleva a un chiringuito, donde se está muy bien y que es una estupenda entrada de barrera para contemplar las transmutaciones del mar comiendo unas clòtxines. Atrás quedaron los Marenys: el de Barraquetes, el Blau y el de Sant Llorenç (o de Vilches), palabras y lugares con mucho encanto, que recuerdan el antiguo dominio del pantano: la tierra peleada a la rana, a la anguila y a las cañas. Un poco más al sur, está la entrada de El Pollo; aún más allá, la playa nudista, y, finalmente, El Dosser y su urbanismo, contenido para ser Cullera.

Hasta en los lugares más recoletos (y no digamos en los expuestos) se violó la continuidad del cordón dunar, que ahora se reconstruye pacientemente, como se hizo en El Saler y seguramente con resultados igual de satisfactorios. Desde una de esas dunas vi salir en un atardecer revuelto de agosto, con luces de escenario bíblico, a una tropilla de correlimos que se comunicaban en un lenguaje de sobreagudos y dejaban en la línea donde las olas se consuman entre encajes, como el deseo de una novia, unos mensajes cuneiformes. A la misma altura de la entrada del Pollo, hay una carretera de marjal (que lleva a Sueca y Cullera, según el ramal que se tome) flanqueada por un ingenio hidráulico de mérito: un canal que se eleva casi dos metros por encima del asfalto sin cortar caminos ni accesos a los campos, gracias al uso de sifones para garantizar el camino del agua.

Hay que aventurarse por esos caminos y por el vial prematuro, incluso atolondrado, que surca el monte de Cullera sin un fin conocido: si no le importa el camino, todos llevan a algún sitio.

• Dormir

Hoteles y paradores

Hotel ciudad de Sueca

Sueca. Alojamiento práctico y restaurante digno. Vistas sobre el Parc de l´Estació con el hermoso colegio Carrasquer y algunas de las palmeras más altas del país. Tel. 961 717 005. Sobre 60 euros la doble.

•Comer

Restaurantes

Casa Rocher

Mareny de Sant Llorenç.

Una de las mejores arrocerías de la comarca con algunos platos de innovación y variaciones sobre las tapas tradicionales. Sobre 35/40 euros. Extenso parking con vistas al marjal para echar un pitillo. Tel. 961760173.

FORN DE LA BEATA INÉS

Mareny de Sant Llorenç. La inteligente fast food a la valenciana, o sea, el horno, llevado a una alta expresión de calidad y diversidad. Monas todo el año. Telf. 961 760 726.

RTE. ELIANA ALBIACH

Cullera. Este restaurante de Juan Giner es la mejor dirección de toda la Ribera Baja. Atención impecable. 16 clases de arroces en la carta. El riesgo y la innovación de su cocina tienen un precio: en todos los sentidos. Sobre 50 euros. Tel. 961 732 229.

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