Fin de semana

Un verano en el Algarve

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A Coruña - A Coruña

Este pequeño pedazo de Portugal, desde el cabo de Sao Vicente hasta Vila Real de Santo António, conjuga bellas playas, mar cálido y sol generoso durante todo el año.

EP | El Algarve se extiende a lo largo de toda la franja litoral sur del país vecino, y está considerada como la región turística portuguesa por excelencia. Este pequeño pedazo de Portugal, desde el cabo de Sao Vicente hasta Vila Real de Santo António, conjuga bellas playas, mar cálido y sol generoso durante todo el año.

En el extremo sur del Portugal continental, esta región que mira hacia el mar fue la última conquistada a los moros por el rey de Portugal, Don Alfonso III, en 1292. De aquella presencia se conservan aún las huellas de una arquitectura singular, con azoteas, chimeneas con arabescos y caserío enjalbegado. Bañada al sur y al oeste por el Atlántico y protegida al norte por la sierra de Espinhago de Cao, Monchique y do Caldeirao, que impiden el paso de los vientos agrestes, esta región disfruta de temperaturas idílicas (medias en invierno de 14 grados centígrados y en verano de 24, que pueden ascender en los meses más calurosos, julio y agosto, hasta los 28 ó 30 grados).

Sus más de 3.000 horas de sol al año y sus más de 150 kilómetros de playas acariciadas por los cálidos vientos del norte de África dan forma a este hermoso rincón luso, que se convierte en un destino vacacional durante todo el año.


Región de contrastes, en el crisol del Algarve todos los invasores dejaron sus huellas, que hoy se pueden contemplar en forma de burgos moros, centros de baños o ruinas romanas. Ocupada desde la prehistoria, por esta zona de Portugal han pasado fenicios, griegos y romanos, siendo éstos últimos los que mayor impronta dejaron en la región; no en vano, los hallazgos arqueológicos de Cerro da Vila, en Vilamoura, y de Milreu, en Estói, así como la Quinta da Abicada, en Portimao, son destacados testimonios de la presencia romana en el Algarve.

Norte y sur: contrastes

Se pueden distinguir dos zonas en la región del Algarve: al norte, se encuentran las tierras más verdes y fértiles, adornadas con higueras, naranjos y almendros en flor. Al sur, la franja costera ofrece largas playas de dunas, abruptos acantilados que se abren al mar y pequeñas bahías arenosas al abrigo de rocas y grutas.

En el Barlovento algarvío, la ciudad de Lagos se erige como lugar de visita imprescindible; históricamente ligada al mar, fue habitada por los romanos (Lacóbriga) y fue base de las operaciones de exploración portuguesa de la costa de África en el siglo XV. Sus murallas medievales guardan las magníficas iglesias de San Sebastián y San Antonio, así como el Palacio dos Governadores y el Antiguo Mercado de Esclavos. La marina se sitúa a pocos metros del lugar donde las traineras dejan el pescado fresco, en el margen izquierdo de la ribera de Bensafrim.

A 280 kilómetros de Lisboa se encuentra la ciudad de Portimao, uno de los enclaves más importantes del Algarve por su condición de puerto de pesca y por la prosperidad de sus industrias conserveras de pescado; se trata de un importante centro turístico situado en el vértice de un triángulo formado por Alvor, a cuatro kilómetros, y Playa da Rocha, a tres kilómetros.

Otros lugares de interés para el viajero en el Algarve portugués son Sagres, ligado para siempre al Infante Don Henrique y a la historia de los Descubrimientos; Tavira, ciudad portuaria y exponente del Algarve "reposado"; Silves, con sus antiguas casas señoriales que culminan en el imponente castillo; Praia da Rocha, uno de los primeros enclaves turísticos de la zona, y Monchique, también en el interior, que ofrece un espectacular paisaje de bosques y sierras.Para los amantes de la vida nocturna, la localidad de Albufeira se erige como uno de los principales centros de diversión en el Algarve; considerada la "St. Tropéz de Portugal", cuenta con numerosos locales nocturnos, restaurantes, bares y discotecas para pasar un buen rato; las calles de su centro histórico, el antiguo "Cerro da Vila", todavía conservan pintorescos rincones de casas encaladas, como el callejón de la iglesia Vieja, donde antiguamente se alzara una mezquita y la primera iglesia del pueblo; en la playa, confundidos entre los turistas, los pescadores preparan sus redes y sus pequeñas barcas pintadas de vivos colores

Excursiones

CASTRO MARIM

Su fortaleza es lo primero que se ve tras pasar la frontera desde Huelva y la última oportunidad para despedirse con la mirada de tierras españolas y del río Guadiana -es imprescindible detenerse en este punto para ser testigo del paisaje-. Castro Marim, la primera sede de la Orden de Cristo, construida por Alfonso III en el siglo XIII, conserva su naturaleza de antiguo bastión fronterizo con tanto mimo como la reserva natural que rodea a este pueblo, en la que todavía se puede encontrar el casi desaparecido camaleón mediterráneo. Sus sierras desafían a los que aprecian los grandes espacios y la biodiversidad en todas sus facetas dentro de esta región, que se baña en el mar y descansa tierra adentro, sobre colinas.

EL LUJO DE VILAMOURA

Es la referencia del turismo de lujo en Algarve, del que no se escapan ni las inmensas mansiones palaciegas, los grandes jardines, los yates procedentes de todas partes del mundo, su sensacional puerto deportivo, el casino, los campos de golf y la animada vida nocturna. Es la localidad más en auge de todo el sur de Portugal y la que concentra a un mayor número de gente adinerada, elegante y sofisticada. No en vano, en su lista de 'parecidos razonables' se encuentra Puerto Banús o Beverly Hills, aunque incluso estos lugares tienen motivos para envidiar a Vilamoura: su maravillosa costa.

LAGOS

Cuna de grandes navegantes portugueses y puerto desde el que partieron importantes expediciones a África y América, todavía conserva de aquellos tiempos de esplendor su casco antiguo, completamente colonial portugués, y las ruinas del primer mercado de esclavos de Europa. Abundan otros recuerdos del pasado que compiten con el atractivo de sus playas. Por ejemplo, la ciudad todavía puede contar que sobrevivió al saqueo del famoso pirata Drake y a un devastador terremoto en 1755 que no consiguió acabar con su Iglesia de Santo Antonio o el Fuerte Ponta de Banderia, construido en el s.XVII para proteger la entrada al puerto y ampliado con las murallas que todavía rodean la ciudad. El Museo Municipal expone otros restos del pasado nada usuales, como los mosaicos romanos o fetos de animales amorfos. .

SAGRES

En la punta más al sudoeste de Europa, donde el Continente le cede al mar todo el protagonismo, encontramos Sagres. Si bien es cierto que, como el resto de la costa algarveña, tiene atributos naturales suficientes para convertirse en el blanco de cualquier viajero, Sagres cuenta desde hace siglos con la herencia que le dejó el infante Don Henrique el Navegante, que estableció en este punto, en la bahía frente al cabo de San Vicente, el centro neurálgico de la Época de los Descubrimientos. Aquí se reunían en secreto cartógrafos, astrónomos y capitanes para asesorar al infante en la conquista del Mundo, sabedores de que más allá de la inmensa masa de agua que se abría delante de su costa había algo por descubrir. De las inquietudes de estos sabios nos quedan numerosos testimonios, pero ninguno tan impresionante como la fortaleza en la que se encontraba la escuela de este príncipe descubridor, en la misma península de Sagres

FARO

Tras pasar por manos de romanos -quienes amurallaron su núcleo- y árabes -quienes la fortificaron-, la toma definitiva de Faro, en 1249, marcó la reconquista de Algarve. Su casco antiguo da fe de la presencia de estas tres culturas en la ciudad, aunque la mejor conservada es la cristiana, en el casco antiguo de Vila-Adentro. Faro, la capital de la provincia, ofrece todo lo que se puede esperar de un viaje: el mejor nudo de comunicaciones e instalaciones hoteleras, inmejorable

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