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Caaveiro, el espíritu del bosque

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A Coruña - A Coruña

Enmarcado en un Parque Natural considerado como el bosque atlántico mejor conservado de Europa, As Fragas do Eume, se levanta el monasterio de San Xoán de Caaveiro, fundado en 936

No es uno de los más antiguos, tampoco de los más espectaculares por su arquitectura pero sí por donde está: asentado sobre las rocas al borde mismo de un barranco sobre la confluencia de los ríos Senín y Eume, en medio de un Parque Natural considerado como el bosque atlántico mejor conservado de Europa. En el solitario paisaje que constituyen As Fragas do Eume se levanta majestuoso el monasterio de San Xoán de Caaveiro, del que dice la tradición que fue fundado como cenobio benedictino por San Rosendo en el año 936, aunque posiblemente ya existía con anterioridad. Todo un monumento de arte románico en plena naturaleza con vistas panorámicas a las fronda y al cielo.

Los fines de semana el paso con vehículos está restringido, pero existe transporte colectivo hasta el puente de Caaveiro, el más próximo al monasterio. En este punto comienza la subida de unos quince minutos hasta el conjunto monacal,    ya    completamente rehabilitado, incluso con San Pío y San Gumersindo, las dos pequeñas campanas de bronce que faltaban en la torre y que a principios de este año pusieron el colofón a una restauración que empezó hace más de una década para salvar al monumento de la ruina.

La entrada es gratuita con posibilidad de visita guiada, generalmente en turnos de 45 minutos. Exteriormente, una escalera comunica con el arco apuntado que da acceso al atrio, abierto entre la que fue antigua residencia de canónigos y el frente de la iglesia. El templo,    románico    de    finales    del    siglo XII, tiene planta rectangular de una nave con ábside semicircular en el que se aprecia el gran desnivel del terreno en el que se ubica la construcción, sostenida por un gran muro cuadrado de apoyo. El conjunto monacal cuenta con otras dependencias como el refectorio, la casa para los criados o las reformas introducidas en 1890 por Pío Gar- cía Espinosa, un abogado asentado en Pontedeume que afrontó la tarea de reconstruir y revitalizar Caaveiro. Se reconstruyeron entonces dos de las casas de clérigos siendo demolidas las restantes, lo que también sucedió con la iglesia principal y se dejó la más pequeña.

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